Transcribo el borrador de una carta que me encontré entre las páginas de un libro que compré en una librería de viejo. Desgraciadamente no tiene fecha, pero su actualidad me parece innegable.
Eusebio:
"Respecto a la carta en la que me expones la decisión que has tomado y con esa efusión abrasadora tuya defiendes tu postura, tengo dos cosas para que reflexiones. Empiezas recordando la pregunta que te hice, pero en ese momento tuve que subir al autobús y nuestra conversación quedó a medias. Eusebio, el mundo no te necesita, al mundo no le sobra ni falta nada. Piensas que la sociedad hacen falta maestros que transmitan valores, que la cultura se está perdiendo y que los niños necesitan cosas nuevas que llamen su atención, ya nadie sabe enseñar y necesitamos un cambio, una revolución del conocimiento. No, tú no haces falta. Ni tú ni nadie, no equivoques el camino. Pregúntate que necesitas tú, que te hace falta para sentirte pleno, para estar satisfecho contigo mismo que tienes la necesidad de estudiar pedagogía. Piensa en los pedagogos como los eternos aprendices. Son expertos en aprender, ávidos de descubrir, de conocer, de vivir, siempre abiertos a aprender cosas nuevas, en aprendizaje continuo y profundo. No son maestros que pretendan enseñar sino alumnos experimentados que contagian a los demás con..."
No, tú no haces falta. Ni tú ni nadie, no equivoques el camino. Pregúntate qué necesitas tú, que te hace falta para sentirte pleno, para estar satisfecho contigo mismo que tienes la necesidad de estudiar pedagogía. Piensa en los pedagogos como los eternos aprendices. Son los expertos en aprender, ávidos de descubrir, de conocer, de vivir, siempre abiertos a aprender cosas nuevas, en aprendizaje continuo y profundo. No son maestros que pretenden enseñar sino alumnos experimentados que contagian a los demás con..."