domingo, 31 de octubre de 2010











En la colmena

Había una vez en una colmena una abeja que no quería trabajar.

Es decir, recorría los árboles uno por uno para tomar el jugo de las flores;

pero en vez de conservarlo para convertirlo en miel, se lo tomaba del todo.

El sol

Todas las mañanas, apenas el sol calentaba el aire,

la abejita se asomaba a la puerta de la colmena, veía que hacía buen tiempo,

se peinaba con las patas, como hacen las moscas,

y echaba entonces a volar, muy contenta del lindo día.

Haragana

Zumbaba muerta de gusto de flor en flor, entraba en la colmena,

volvía a salir y así se la pasaba todo el día,

mientras las otras abejas se mataban trabajando para llenar la colmena de miel,

porque la miel es el alimento de las abejas recién nacidas.

Era, pues, una abeja haragana.

Enojadas

Como las abejas son muy serias, comenzaron a disgustarse con el proceder de la hermana haragana.

En la puerta de las colmenas hay siempre unas cuantas abejas que están de guardia,

para cuidar que no entren bichos en la colmena.

Estas abejas suelen ser muy viejas, con gran experiencia de la vida,

tienen el lomo pelado porque han perdido los pelos de tanto rozar contra la puerta de la colmena.

Advertencia

Un día, pues, detuvieron a la abeja haragana cuando iba a entrar, diciéndole: —Compañera: es necesario que trabajes, porque todas las abejas debemos trabajar.

La abejita contestó: —¡Yo ando todo el día volando, y me canso mucho!

—No es cuestión de que te canses mucho —le respondieron— sino de que trabajes un poco.

Es la primera advertencia que te hacemos. Y diciendo así la dejaron pasar.

Pero la abeja haragana no se corregía.

De modo que a la tarde siguiente las abejas que estaban de guardia dijeron: —Hay que trabajar, hermana.

Y ella respondió en seguida —¡Uno de estos días lo voy a hacer!

—No es cuestión de que lo hagas uno de estos días —le respondieron— sino mañana mismo. —Acuérdate de esto. Y la dejaron pasar.

Ultimatum

Al anochecer siguiente se repitió la misma cosa.

Antes que le dijeran nada, la abeja, exclamó: —¡Sí, sí, hermanas! ¡Ya me acuerdo de lo que he prometido!

—No es cuestión de que te acuerdes de lo prometido —le respondieron— sino de que trabajes.

Hoy es 19 de abril. Pues bien: trata de que mañana, 20, hayas traído una gota siquiera de miel. Y ahora pasa. Y diciendo esto se apartaron para dejarla entrar.

20 de abril

Pero el 20 de abril pasó en vano como todos los demás.

Con la diferencia de que al caer el sol el tiempo se descompuso y comenzó a soplar un viento frío.

La abejita haragana voló apresurada hacia su colmena, pensando en lo calientito que estaría allá adentro.

Pero cuando quiso entrar, las abejas que estaban de guardia se lo impidieron. —No se entra —le dijeron fríamente.

—¡Yo quiero entrar! —clamó la abejita. —Esta es mi colmena.

—Esta es la colmena de unas pobres abejas trabajadoras —le contestaron las otras—. No hay entrada para las haraganas.

—¡Mañana sin falta voy a trabajar! insistió la abejita.

—No hay mañana para las que no trabajan —respondieron las abejas, que saben mucha filosofía.

Y esto diciendo la empujaron afuera.

Vete

La abejita, sin saber qué hacer, voló un rato aún; pero ya la noche caía, y se veía apenas.

Quiso cogerse de una hoja, y cayó al suelo.

Tenía el cuerpo entumecido por el aire frío, y no podía volar más.

Arrastrándose entonces por el suelo, trepando y bajando de los palitos y piedritas, que le parecían montañas,

llegó a la puerta de la colmena, al tiempo que comenzaban a caer frías gotas de lluvia.

—¡Ay, mi Dios! —exclamó la desamparada—. Va a llover, y me voy a morir de frío!

Intentó entrar en la colmena. Pero de nuevo le cerraron el paso.

—¡Perdón! —gimió la abeja—. ¡Déjenme entrar!

—Ya es tarde —le respondieron.

—¡Por favor, hermanas! ¡Tengo sueño! —Es más tarde aún. —¡Compañeras, por piedad! ¡Tengo frío!

—Imposible.

—¡Por última vez! ¡Me voy a morir!

Entonces le dijeron: —No, no morirás.

Aprenderás en una sola noche lo que es el descanso ganado con el trabajo.

Vete.

Y la echaron.

Agujero

Entonces, temblando de frío, con las alas mojadas y tropezando, la abeja se arrastró, se arrastró, hasta que de pronto rodó por el agujero —cayó rodando, mejor dicho, al fondo de una caverna.

Creyó que no iba a concluir nunca de bajar. Al fin llegó al fondo, y se halló bruscamente ante una víbora, una culebra verde de lomo color ladrillo, que la miraba enroscada y presta a lanzarse sobre ella. En verdad, aquella caverna era el hueco de un árbol que había trasplantado hacía tiempo, y que la culebra había elegido de guarida.

Culebra

Las culebras comen abejas, que les gustan mucho. Por esto la abejita, al encontrarse ante su enemiga, murmuró cerrando los ojos:

—¡Adiós, mi vida! Esta es la última hora que yo veo la luz.

Pero con gran sorpresa suya la culebra no solamente no la devoró sino que le dijo:

—¿Qué tal abejita? No has de ser muy trabajadora para estar aquí a estas horas.

—Es cierto —murmuró la abeja—. No trabajo, y yo tengo la culpa.

—Siendo así —agregó la culebra burlona— voy a quitar del mundo a un mal bicho como tú. Te voy a comer, abeja.

La abeja, temblando, exclamó entonces:

—¡No es justo, eso, no es justo! No es justo que usted me coma porque es más fuerte que yo. Los hombres saben lo que es justicia.

Concurso

—¡Ah, ah! —exclamó la culebra, enroscándose ligero—.

¿Tú conoces bien a los hombres? ¿Tú crees que los hombres, que les quitan la miel a ustedes, son más justos, grandísima tonta?

—No, no es por eso que nos quitan la miel —respondió la abeja.

—¿Y por qué, entonces?

—Porque son más inteligentes. Así dijo la abejita. Pero la culebra se echó a reir, exclamando:

—¡Bueno! con justicia o sin ella, te voy a comer; apróntate.

Y se echó atrás, para lanzarse sobre la abeja. Pero ésta exclamó:

—Usted hace eso porque es menos inteligente que yo.

—¿Yo, menos inteligente que tú, mocosa? —se rió la culebra.

—Así es —afirmó la abeja.

—Pues bien, —dijo la culebra—, vamos a verlo. Vamos a hacer dos pruebas. El que haga la prueba más rara, ese gana. Si gano yo, te como.

—¿Y si gano yo? —preguntó la abejita.

—Si ganas tú, —repuso su enemiga— tienes el derecho de pasar la noche aquí, hasta que sea de día. ¿Te conviene?

—Aceptado —contestó la abeja.

Trompo

La culebra se echó a reír de nuevo, por que se le había ocurrido una cosa que jamás podría hacer una abeja. Y he aquí lo que hizo:

Salió un instante afuera, tan velozmente que la abeja no tuvo tiempo de nada. Y volvió trayendo una cápsula de semillas de eucalipto, de un eucalipto que estaba al lado de la colmena, y que le daba sombra.

Los muchachos hacen bailar como trompos esas cápsulas, y les llaman trompitos de eucalipto.

—Esto es lo que voy a hacer —dijo la culebra—. ¡Fíjate bien, atención!

Y arrollando vivamente la cola alrededor del trompito como un piolín la desenvolvió a toda velocidad, con tanta rapidez que el trompito quedó bailando y zumbando como un loco.

La culebra se reía, y con mucha razón, porque jamás una abeja ha hecho ni podrá hacer bailar a un trompito.

Te como

Pero cuando el trompito, que se había quedado dormido zumbando, como les pasa a los trompos de naranjo, cayó por fin al suelo, la abeja dijo:

—Esta prueba es muy linda, y yo nunca podré hacer eso.

—Entonces, te como —exclamó la culebra.

¡Un momento! Yo no puedo hacer eso; pero hago una cosa que no hace nadie.

—¿Qué es eso?

Desaparecer.

¿Cómo? —exclamó la culebra dando un salto de sorpresa—.

¿Desaparecer sin salir de aquí?

—¿Y sin esconderte en la tierra?

Sin esconderme en la tierra.

—¡Pues bien, hazlo! Y si no lo haces, te como en seguida —dijo la culebra.

Desaparecer

El caso es que mientras el trompito bailaba, la abeja había tenido tiempo de examinar la caverna y había visto una plantita que crecía allí. Era un arbustillo, casi un yuyito, con grandes hojas del tamaño de una moneda.

La abeja se arrimó a la plantita, teniendo cuidado de no tocarla, y dijo así:

—Ahora me toca a mí, señora Culebra. Me va a hacer el favor de darse vuelta, y contar hasta tres. Cuando yo diga "tres", búsqueme por todas partes ¡ya no estaré más!

Y así pasó, en efecto. La culebra dijo rápidamente: "uno.... dos.... tres", y se volvió y abrió la boca cuan grande era, de sorpresa: allí no había nadie.

Miró arriba, abajo, a los lados, recorrió los rincones, la plantita, tanteó todo con la lengua. Inútil: la abeja había desaparecido. La culebra comprendió entonces que si su prueba del trompito era muy buena, la prueba de la abeja era simplemente extraordinaria. ¿Qué se había hecho? ¿Dónde estaba? No había modo de hallarla.

—¡Bueno! —exclamó al fin—. Me doy por vencida. ¿Dónde estás?

Una voz que apenas se oía —la voz de la abejita —salió del medio de la cueva.

—¿No me vas hacer nada? —dijo la voz—. ¿Puedo contar con tu juramento?

—Sí, —respondió la culebra—.

Te lo juro. ¿Dónde estás?

—Aquí —respondió la abejita, apareciendo súbitamente de entre una hoja cerrada de la plantita.

Abeja inteligente

¿Qué había pasado? Una cosa muy sencilla: La plantita en cuestión era una sensitiva, muy común también aquí en Buenos Aires, y que tiene la particularidad de que sus hojas se cierran al menor contacto. Solamente que esta aventura pasaba en Misiones, donde la vegetación es muy rica, y por lo tanto muy grandes las hojas de las sensitivas. De aquí que al contacto de la abeja, las hojas se cerraran, ocultando completamente al insecto.

La inteligencia de la culebra no había alcanzado nunca a darse cuenta de ese fenómeno; pero la abeja lo había observado, y se aprovechaba de él para salvar su vida.

La culebra no dijo nada, pero quedó muy irritada con su derrota, tanto que la abeja pasó toda la noche recordando a su enemiga la promesa que había hecho de respetarla.

Noche de tormenta

Fue una noche larga, interminable, que las dos pasaron arrimadas contra la pared más alta de la caverna, porque la tormenta se había desencadenado, y el agua entraba como un río.

Hacía mucho frío, además, y adentro reinaba la oscuridad más completa. De cuando en cuando la culebra sentía impulsos de lanzarse sobre la abeja, y ésta creía entonces llegado el término de su vida.

Nunca, jamás, creyó la abejita, que una noche podría ser tan fría, tan larga, tan horrible.

Abeja llora

Recordaba su vida anterior, durmiendo noche a noche en la colmena bien calientita, y lloraba entonces en silencio.

Cuando llegó el día, y salió el sol, porque el tiempo se había compuesto, la abejita voló y lloró otra vez en silencio ante la puerta de la colmena hecha por el esfuerzo de la familia.

Las abejas de guardia la dejaron pasar sin decirle nada, porque comprendieron que la que volvía no era la paseandera haragana sino una abeja que había hecho en sólo una noche un duro aprendizaje de la vida.

Trabajadora

Así fue, en efecto. En adelante ninguna como ella recogió tanto polen ni fabricó tanta miel. Y cuando el Otoño llegó, y llegó también el término de sus días, tuvo aún tiempo de dar una última lección antes de morir, a las jóvenes abejas que la rodeaban:

—No es nuestra inteligencia sino nuestro trabajo quien nos hace tan fuertes. Yo usé una sola vez de mi inteligencia, y fue para salvar mi vida. No habría necesitado de ese esfuerzo, si hubiera trabajado como todas. Me he cansado tanto volando de aquí para allá, como trabajando. Lo que me faltaba era la noción del deber, que adquirí aquella noche.

Trabajen, compañeras, pensando que el fin a que tienden nuestros esfuerzos —la felicidad de todos— es muy superior a la fatiga de cada uno.

A esto los hombres llaman ideal, y tienen razón. No hay otra filosofía en la vida de un hombre y de una abeja.

jueves, 24 de septiembre de 2009

TIC como una nueva herramienta de la mente

El avance tecnológico nos sitúa en un momento en el que con un solo clic podemos encontrar la puerta a un mundo inagotable de significados. Es innegable que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) pasan a constituirse en una herramienta indispensable para la construcción de nuevos paradigmas, tanto de aprendizaje como de socialización.
http://portal.educ.ar/debates/educacionytic/nuevos-alfabetismos/las-tic-como-fuente-de-multiples-aprendizajes.php

Un ejemplo de estos nuevos paradigmas es el empleo de la telefonía celular, cosa impensable en los 80's, cuando al marcar por teléfono jamás se te ocurría preguntar al otro ¿dónde estás?

viernes, 21 de agosto de 2009

Saberes en movimiento

Breve reseña y comentario.

Chapela, L.M. (2007). Saberes en movimiento. Reflexiones en torno a la educación. México: Nostra


Reflexiones sobre la educación puede ser el nombre de uno de los tomos del Diccionario Temático Universal de Referencias Bibliografías en Pedagogía, editado en tres hermosos tomos empastados. Tanto se ha dicho ya y se seguirá diciendo.

¿Qué tiene de novedoso este libro escrito por Chapela? El enfoque, lleno de actualidad, pero sobre todo, escrito para el público mexicano. Es una obra bien escrita, bien pensada, condesada y plena, escrita por una mujer leída e instruida, una mujer con experiencia en el campo docente, que ha vivido la problemática actual y a vislumbrado a lo lejos el faro del puerto más cercano, que por fortuna, somos nosotros mismos.

Hay una gran carga filosófica en esta obra, por lo que puede ser difícil de entender y profundizar en algunas de sus ideas clave, pero es de amena lectura. El gran atino es que te deja rumiando Ideas - así con mayúscula -, pues no es de esas ideas que hacen pensar ‘ya entendí lo que me quieres decir’ sino Ideas que hacen exclamar ‘ahora entiendo porque estoy como estoy y ya sé que tengo que hacer para cambiar’.

A mi parecer, son tres los conceptos básicos que permean toda la obra:

- el pensamiento complejo, que es el método con el que Chapela aborda todos los temas de su libro.

- la teoría de sistemas, que aunque no la aborda directamente está en la base de todo su pensamiento y, me atrevo a decir, en su concepción de la realidad.

- la heurística, es la capacidad por excelencia de que disponemos, tan importante y vital en la propuesta de Chapela que en el libro aparece definida tres veces: una para el hemisferio izquierdo, otra para el hemisferio derecho y al final para todas aquellas neuronas que no pusieron atención en clase.


Conceptos básicos

Pensamiento complejo:
es ver en la realidad los distintos elementos que la conforman, sus relaciones y vínculos, sus características y funciones según el contexto, a través de una mirada interdisciplinaria. Es verla con muchos ojos, desde muchos lados y sabiendo que aún así nuestro conocimiento será incompleto, pues siempre habrá nuevas formas de ver el mismo objeto.
El ejemplo de Chapela (2007, p.43) es ilustrativo:
Si analizamos un lápiz de esta manera, encontraremos en él, entre otras cosas, la memoria del bosque, un porta grafito, un producto del trabajo, un instrumento de trabajo, una mercancía, una prótesis humana, una fuente de letras, un aparato para registrar el pensamiento o un instrumento de comunicación.

Teoría de sistemas:
un hecho social cualquiera no se da aislado sino dentro de un sistema. La realidad está formada por sistemas que se relacionan unos a otros y que se reproduce a sí mismo para permanecer.
Ejemplo de ello es el cuerpo humano: esa bola de células que parece no se qué… y que llamamos riñón, no tiene sentido fuera de nuestro sistema: sería sólo una bola de no se qué…

Heurística: capacidad que tienen las personas para, de cara a una necesidad, usar de manera creativa los recursos que tienen para dar respuestas nuevas a la realidad que los interpela.

Desarrollo de la obra.

Está dividida en 9 capítulos:

1. Tiempo e historia: define al tiempo como un recurso que hay que aprovechar. La historia es vista como un Presente, el ahora.

2. Identidades y diversidad: las identidades son las facetas con las que nos identificamos y definimos: somos polifacéticos. La diversidad la conforman el universo de facetas, son los otros.

3. Autonomía: es la capacidad de imaginarnos mejores, diseñar un proyecto para serlo y emprender con libertad acciones concretas que lleven nuestro proyecto a su realización.

4. Pensamiento complejo: pensar desde todos los puntos de vista posibles, desde distintos actores, estableciendo relaciones de manera crítica.

5. Espacio público: es un lugar en el que se construyen el pensamiento y el conocimiento sociales, sus significados y sentidos.

6. Necesidades humanas: actuar en condiciones de libertad con autonomía crítica, es una de las más grandes necesidades del ser humano.

7. Migración, diálogo y fronteras: las relaciones entre las naciones, sobre todo en sus límites territoriales y las personas que las habitan, están en movimiento constante y cada vez es mayor la presencia y acción intercultural.

8. Biología: los seres vivos son sistemas abiertos que se relacionan entre sí, están en constante cambio y a la vez necesitan permanecer como son para reproducirse.

9. Epistemología: ciencia que estudia el complejo proceso de construcción del conocimiento, su organización, conservación y difusión.

jueves, 7 de mayo de 2009

Borrador de una carta

Transcribo el borrador de una carta que me encontré entre las páginas de un libro que compré en una librería de viejo. Desgraciadamente no tiene fecha, pero su actualidad me parece innegable.


Eusebio:

"Respecto a la carta en la que me expones la decisión que has tomado y con esa efusión abrasadora tuya defiendes tu postura, tengo dos cosas para que reflexiones. Empiezas recordando la pregunta que te hice, pero en ese momento tuve que subir al autobús y nuestra conversación quedó a medias. Eusebio, el mundo no te necesita, al mundo no le sobra ni falta nada. Piensas que la sociedad hacen falta maestros que transmitan valores, que la cultura se está perdiendo y que los niños necesitan cosas nuevas que llamen su atención, ya nadie sabe enseñar y necesitamos un cambio, una revolución del conocimiento. No, tú no haces falta. Ni tú ni nadie, no equivoques el camino. Pregúntate que necesitas tú, que te hace falta para sentirte pleno, para estar satisfecho contigo mismo que tienes la necesidad de estudiar pedagogía. Piensa en los pedagogos como los eternos aprendices. Son expertos en aprender, ávidos de descubrir, de conocer, de vivir, siempre abiertos a aprender cosas nuevas, en aprendizaje continuo y profundo. No son maestros que pretendan enseñar sino alumnos experimentados que contagian a los demás con..."


No, tú no haces falta. Ni tú ni nadie, no equivoques el camino. Pregúntate qué necesitas tú, que te hace falta para sentirte pleno, para estar satisfecho contigo mismo que tienes la necesidad de estudiar pedagogía. Piensa en los pedagogos como los eternos aprendices. Son los expertos en aprender, ávidos de descubrir, de conocer, de vivir, siempre abiertos a aprender cosas nuevas, en aprendizaje continuo y profundo. No son maestros que pretenden enseñar sino alumnos experimentados que contagian a los demás con..."